sábado, 4 de mayo de 2013

A Primout no vuelve nadie.

La iglesia de Pardamaza, inicio de la ruta.

"En el pueblo no había luz, ni agua corriente, y las viviendas apenas habían cambiado durante siglos. Muchas seguían teniendo el techo de paja o de escobas que los hombres iban a buscar al monte y en bastantes los animales y las personas compartían la misma habitación, apenas separados sólo por un tabique. La subsistencia se hacía tan difícil que la pobreza era general y la endogamia, que era obligada dada la incomunicación del pueblo, había dejado su huella en muchos de los vecinos. Había tontos, sordomudos, débiles de todo tipo y hasta una enana, que ahora recuerde. Lo cual, unido a la poca higiene y a la alimentación, que era muy monótona, hacía que muchas personas padecieran de bocio por la carencia de yodo, convertía el pueblo en un lazareto, si bien que puesto en un sitio espléndido."

Julio Llamazares "Tanta pasión para nada".

En el cuento "A Primout no vuelve nadie", contenido en su último libro "Tanta pasión para nada", Julio Llamazares evoca la estancia del poeta asturiano Ángel González como maestro de Primout en 1947, por aquella época aguantaban en Primout una veintena de vecinos y no había cura. "El cura se había vuelto loco, lo mismo que la maestra a la que vine a sustituir".

Primout es uno de tantos pueblos abandonados en la montaña, de belleza espectral y enigmática, se encuentra en el corazón de la Sierra de Gistredo, bajo la Peña Roguera y El Catoute, al final de un valle que no parece tener fin, en los años 80 el pueblo volvió a ocuparse por una serie de jóvenes alternativos que quisieron fundar allí una comuna hippie, al final, problemas de convivencia y enfrentamientos con los antiguos propietarios , hicieron que éstos abandonasen el pueblo asentándose finalmente en Matavenero, posteriormente, la construcción de una pista forestal que parte de Páramo de Sil, ha hecho que poco a poco algunas casas se restauren y en la actualidad vivan todo el año un par de vecinos, con uno de ellos estuvimos hablando largo rato y nos puso al día de los "chismes" del pueblo (y de unas cuantas rutas de montaña que han pasado a "proyectos pendientes").


El camino comienza bajo un frondoso castañar, junto al cementerio de Pardamaza.


El camino desciende hasta el río, allí aparece este cartel.


Vamos dejando Pardamaza atrás.


Por un paisaje de escobas y brezos.


Enseguida vemos el angosto valle por el que sigue el camino.



El camino sube hasta 1200 m., luego vuelve a bajar hasta el río, es una ruta con muy pocas cuestas, pero bastante larga (25 km ida y vuelta).

Cruzamos el río por un puente.


Donde comienza un paraje precioso, La Braña de Santa Cruz.





Un poco más allá hay un refugio, muy bien conservado



Seguimos camino, dejándonos sorprender por los paisajes que encontramos.



El valle va abriendo, ya falta poco.


El valle está presidido por Peña Roguera, que todavía conserva algún nevero.


Por fin llegamos al pueblo, la verdad dan ganas de quedarse aquí...











"Roque se despidió después de darme la maleta y yo le correspondí, intentando que no se me trasluciera la pena que me embargaba y prometiéndole que volvería algún día. 
- No, don Ángel, usted no va a volver - me respondió él, parado en la carretera. Y, luego, tirando de la caballería para iniciar el regreso al pueblo, añadió -: A Primout no vuelve nadie."

1 comentario:

Montañas de Gordón dijo...

Amigo Valentín...
Viendo ayer tu entrada y teniendo la tarde libre me dije... qué mejor cosa que darnos un paseo hasta Primout... y allí que me planté... por cierto, me encontré con el "Alcalde" Lebrija y me dió recuerdos para vosotros... jajaja... qué tío más auténtico...
Gracias por esta actividad de la que he disfrutado como un enano... hasta luego...